Koh-do, el arte de apreciar el incienso

Kodo

Si hay un aroma que distingue la cultura asiática, y no me refiero a aromas gastronómicos, es el del incienso. El incienso es un compuesto de materiales aromáticos que desprenden su fragancia al quemarse y desde hace siglos se lo utiliza para las ceremonias religiosas, la meditación o la aromaterapia. Plantas y aceites son sus compuestos básicos aunque la factura del incienso varía de cultura en cultura. En el caso de la cultura japonesa ocupa en ella un lugar muy importante.

Está presente en la ceremonia del té, en la de ikebana y en la del shodo, o arte de la caligrafía pero lo cierto es que se ha desarrollado un arte propio del incienso, el Koh-do o Kodo. Los japoneses son muy estructurados y eso puede ponerte los pelos de punta si eres mas flexible pero el Kodo se trata precisamente de eso, de una contemplación estructurada y codificada del incienso o mejor dicho, de su apreciación.

El Kodo incluye todo el proceso del incienso: sus herramientas y las actividades en torno a él. Todo es arte y de hecho se ha ido refinando tanto que forma parte del trío de artes refinadas japonesas: la ceremonia del té, el ikebana o ceremonia de arreglo floral y el kodo.

Los japoneses modernos no están muy al tanto del kodo, los otros dos artes resultan mas populares, pero los mas tradicionalistas sí saben de él. El secreto del kodo no es el aroma, los japoneses no huelen el incienso sino que lo escuchan: el humor penetra por su nariz pero pasa por su espíritu y su corazón. Es como si entraran en trance o como si ese aroma los transportara a un momento feliz de su infancia o a un plano espiritual distinto. Las fragancias se dividen entonces en seis países y cinco gustos, rikkoku gomi.

Hay seis tipos de maderas aromáticas: rakoku, manaban, manaka, kyara, sumatora y sasora (rikkoku). Y hay cinco gustos: dulce, amargo, picante, salado, agrio. Un experto en kodo puede desfragmentar cada fragancia en estos elementos pero eso lleva años de práctica y mucha experiencia. Una vez alcanzada tal maestría el kodo ayuda a sanar la soledad, remover tóxicos mentales o espirituales, agudizar los sentidos, purificar la mente y el cuerpo, crear armonía o aliviar el estrés.

Quienes practican kodo se juntan en una habitación y como quienes catan un vino catan ellos degustan distintos inciensos que prepara el komoto, el encargado de quemar incienso y provocar ese viaje espiritual tan esperado.

Foto: vía Culture Unplugged

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