Los intentos de invasión de Japón por los mongoles

Kublai Khan

Tras proclamarse como emperador de la China en 1271, Kublai Khan toma la decisión de invadir Japón con la idea de anexionar las islas a su nuevo imperio. Esta decisión llevará a los guerreros samurái a enfrentarse por vez primera en la historia de Japón, con tropas venidas del extranjero, los cuales, dicho sea de paso, no respetaban en absoluto la forma tradicional de pelear de los japoneses (a corta distancia).

En el año 1274 se produce el primer intento de invasión con el desembarco de las tropas mongolas en Hataka (en la zona que hoy ocupa Fukuoka), y el primer golpe de efecto de éstos es el atronador sonido de sus tambores, el cual consigue asustar a los caballos de los samuráis.

La técnica mongola de disparar auténticas nubes de flechas, junto con su habilidad para hacerlo desde muy lejos, puso en serios aprietos a los guerreros japoneses, quienes necesitaban de menor distancia y más precisión para poder acertar. El uso de catapultas por parte de los mongoles también supuso un serio revés para los japoneses.

Afortunadamente para Japón, la misma noche del desembarco mongol se desató una fuerte tormenta que diezmó la flota invasora, por lo que las tropas de Kublai Khan debieron emprender la retirada hacia Corea, lugar donde trataría de reconstituir su ejército. Este momento lo aprovecharon los japoneses para reforzar los puntos débiles de la costa, además de establecer puestos de vigilancia.

Cuando se produjo el segundo intento, en el año 1281, los samuráis utilizaron una nueva táctica, abordando los barcos mongoles desde pequeñas barcas, las cuales sólo podían transportar a doce guerreros, con el fin de no dejar a los invasores salir de sus barcos para alcanzar las costas.

Tras una semana de feroces combates, y en una situación cada vez más desesperada, los japoneses pidieron a la divinidad del Sol, Amateratsu, que les ayudase a derrotar a su enemigo. Curiosamente y contra todo pronóstico se produjo un terrible tifón que arrasó casi por completo a la flota de Kublai Khan, dando al traste con sus aspiraciones invasoras.

Debido a la leyenda surgida de este hecho, se consideró a Japón como un lugar protegido por los mismísimos dioses, y de aquí surgió el mito del Viento Divino (Kamikaze), que se utilizó en occidente para denominar a los pilotos suicidas japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Sea como fuere, Japón estuvo a salvo de invasiones durante varios siglos debido a su supuesta protección divina.

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Categorias: Historia de Japón


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