Izanagi e Izanami, la creación de las islas del Japón

Izanagi e Izanami

Según la tradición mitológica japonesa, en el principio de los tiempos y después de que se formasen el Cielo y la Tierra nacieron los primeros dioses, y los dos últimos en nacer fueron Izanagi (padre del dios del mar y las tormentas Susanoo no Mikoto) y la bella Izanami. A ellos les fue encomendada la tarea de crear las islas del Japón, lo que llevaron a cabo hundiendo una jabalina profusamente adornada de joyas en las profundidades del océano. Tras agitarla y retirarla, las gotas de agua que cayeron de la lanza dieron origen a la isla de Onokoro, lugar que Izanagi e Izanami decidieron tomar como hogar. Una vez construido su nuevo hogar, clavaron en el suelo su lanza para crear el Pilar Celestial.

Ante la inmensidad del mar, ambos quisieron concebir más islas y estuvieron de acuerdo en inventar su propio ritual de matrimonio, que consistía en rodear el Pilar Celestial cada uno en una dirección hasta que se encontrasen. Cuando ambos se toparon de frente, Izanami le dijo a Izanagi: He encontrado un hombre atractivo. Tras estas breves palabras ambos hicieron el amor y ella quedó embarazada. Pero para disgusto y decepción de los dos, Izanami engendró un niño con terribles malformaciones, al que enviaron al océano sobre una pequeña embarcación hecha de juncos.

Confusos, acudieron en presencia de los dioses del Cielo en busca de una explicación, y la respuesta de los dioses fue que ambos habían cometido un error fundamental en su ritual de casamiento. Les explicaron que no era apropiado que la mujer iniciase la conversación, y cuando Izanami e Izanagi lo repitieron fue él quien habló primero. Así fueron dando a luz a las numerosas islas que hoy conforman Japón, además de engendrar nuevos dioses para que se hicieran cargo del viento, de los ríos, las montañas, etc.

Cuando Izanami dio a luz al dios del fuego, éste le provocó graves quemaduras y su posterior fallecimiento, pero incluso en sus últimos momentos de vida pudo engendrar a más dioses de sus fluidos corporales. Incluso cuando el apenado y furioso Izanagi decapitó a su hijo el dios del fuego, de las gotas de sangre de éste manaron nuevas divinidades.

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Categorias: Cultura


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