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La playa Katsurahama, cerca de Kochi

La capital de la prefectura de Kochi es la ciudad con el mismo nombre, una ciudad pequeña y cordial, con una atmósfera de lo mas relajada. La verdad es que este tipo de sitios son especiales pues uno viene acostumbrado a la vorágine centelleante de Tokyo u Osaka y de repente cae en una ciudad así y se maravilla.

Tiene un bonito y bien preservado castillo medieval, templos y un museo que rinde homenaje a Sakamoto Ryoma, uno de los grandes personajes de la famosa Restauración Meiji, la reforma que acabó con los señores feudales y volvió a darle su rol gobernante al emperador, durante el siglo XIX.

Os hemos hablado de la historia de amor del puente Kochi, pero hoy nos toca hablar de la playa Katsurahama. Se trata de una hermosa y extensa playa que dista unos 30 minutos al sur de la ciudad. Puedes llegar en coche, taxi o autobús (este último es sin dudas la opción más barata).

No es una playa para nadar ya que siempre hay corrientes fuertes, es más bien una playa para pasear, tomar el sol y disfrutar de las atracciones que hay en el área.

Por un lado no puedes dejar de fotografiar la imponente estatua de Sakamo Ryoma que descansa cerca de la playa. Como dije, él fue uno de los arquitectos del Japón moderno y a él se le debe la intensa negociación que tuvo lugar para aliar a dos clanes importantes, el Satsuma y el Choshu, y ponerle punto final al shogunato en 1868. Junto a la estatua está el memorial-museo para salir bien empapado de la historia.

Además, está el Centro de Pelea de Perros Tosa, el único en su tipo en todo el país. Está cerca de la terminal de autobús y tiene un ring y un museo sobre la raza local, la raza Tosa, especialista en peleas. Siguen habiendo peleas así que si te interesa basta fijarse en el calendario.

Por último, tienes también cerca de la playa un pequeño acuario y un santuario que se conecta al museo-memorial que está sobre la colina mediante un agradable sendero. No te vayas de Kochi, eso sí, sin haber probado el plato local, el katsuo no tataki.

Fotos: vía Yves Bucher