Las veces en que hemos hablado sobre la historia de Japón siempre ha habido un período que se repite: el período o Era Meiji. ¿De qué se trata? ¿Cuándo es? ¿En qué año, qué comprende y por qué es importante? Bueno, hoy trataremos de explicarlo sucintamente.

Durante buena parte de la Edad Media japonesa el poder verdadero no estuvo en manos del emperador sino de los señores feudales y el clan que gobernó durante más tiempo fue el Tokugawa. La unificación del país fue comandada por tres grandes señores de la guerra: Oda NObunaga, Toyotomi Ieyasu y Tokugawa cuya familia finalmente se quedó en el gobierno hasta el siglo XIX.

Precisamente hasta la Restauración Meiji, el momento en el que la era del shogunato llega a su fin. Estamos hablando del año 1867/68. Entonces el emperador que residía en Kioto fue mudado a Tokio, la nueva capital, y su poder imperial fue restaurado en un movimiento político interno que hizo que el poder cambiara de manos rumbo a un pequeño grupo de nobles y ex samurais detrás del emperador.

Era la época en la que las potencias occidentales obligaban a comerciar a la fuerza y Japón no se había salvado de esta presión, pero este grupo de gente creía que para salvar la brecha existente entre el país y esas potencias era necesario introducir reformas económicas, sociales y militares. Fueron reformas radicales y esta situación puede verse bien en la película El último Samurai, protagonizada por Tom Cruise donde se enfrentan dos países distintos, el viejo y el nuevo.

Las tierras de los shogunes fueron devueltas al emperador y entonces, en 1870, se reestructuró el país dividiéndolo en prefecturas. Hubo libertad religiosa y el sistema educativo también se reformó siguiendo patrones europeos e imponiendo la educación obligatoria. Tiempo después, empero, hubo cierto revival conservador y nacionalista ante tanta occidentalización al rendirse culto al emperador, por ejemplo, pero el gobierno había cargado las tintas en el sector militar y quería un ejército como el prusiano y una armada como la inglesa. El objetivo: dominar Asia.

Además de las reformas políticas (una constitución, una Dieta y partidos políticos), lo cierto es que la expansión militar trajo conflictos con Corea y con China hacia fines del siglo XIX. Más adelante, comienzos del XX, otros con Rusia, pero Japón no quería dejar de crecer y quería ser una potencia en su propia parte del mundo. La Era de la Restaruación Meiji termina en 1912 con la muerte del emperador.

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