Además del Museo y el Parque Peace Memorial, estando en Hiroshima debemos acercarnos a la famosa isla Miyajima pues es un viaje en el tiempo que un día soleado se disfruta mucho. Creo que la mejor estación para ir es en primavera, otoño o los últimos días del invierno, pues en verano hace más de 30º y las caminatas se vuelven ejercicios extenuantes.
Si estamos en Kyoto podemos tomar el Shinkansen rumbo a Hiroshima, y de allí tomamos un tren local hasta este pequeño pueblo de la costa de Sanyo, todo con el Japan Raill Pass que previsoramente hemos comprado antes de poner un pie en Japón. En el puerto hay dos salidas de ferrys, una privada y otra estatal (JR), así que tomamos este último y nos embarcamos en un cómodo ferry que nos cruzará a la isla Miyajima en unos 10 minutos.
El viaje es encantador pues el barco va despacio y si hace un poco de calor siempre podemos estar disfrutando de la vista desde la cubierta. Hay muchas islas más pequeñas a la redonda y mientras nos vamos acercando podemos vislumbrar algunos de los numerosos templos que caracterizan el lugar. Antes era una isla sagrada que no se podía pisar, con el santuario principal Itsukushimajinja, a simple vista mientras ingresamos. Por suerte la prohibición se levantó, se llenó de gente, se construyeron más templos y años después, llegó el turismo.
Para el turismo entonces tenemos una calle repleta de tiendas de souvenirs, la calle Omotesando, y mientras miramos, compramos y paseamos, vemos que la isla está poblada de ciervos sagrados (como en Nara). En la parte baja de la isla podemos visitar muchos templos de madera, muy pintorescos. Para entrar siempre hay que sacarse los zapatos y calzarse unas pantuflas verdes de lo más feas pero que en invierno no vienen nada mal pues el sitio está helado.
A la parte de la isla, el Monte Misen, se sube con el teleférico y desde allí tenemos unas vistas estupendas: vemos el mar de Seto que separa la isla Honshu de la isla Shikoku, el Parque Momijidani y el horizonte lejano. En verdad hay mucho más para ver, nada tiene desperdicio y las fotos que os quedaran de recuerdo serán de las mejores de vuestro viaje a Japón. Eso sí, conviene averiguar cuándo hay marea alta para ver como el Tori rojo y el templo cerca suyo parecen flotar en las aguas, es lo mejor.