Matsuyama es la ciudad más grande y la capital de la Prefectura de Ehime. Es una ciudad que fue fundada en el siglo XIX y que actualmente es muy conocida por contar con la casa de baños u onsen más vieja de todo Japón. Si bien la ciudad fue fundada como tal en 1889, lo cierto es que su existencia se remonta muchos años más atrás, a la época medieval japonesa y como testigo de esto cuenta con su propio castillo.
Sin embargo, también alberga un par de templos budistas construidos durante el siglo VIII.
Uno de ellos es el Templo Ishiteji, el cual forma parte de un conjunto de 88 templos que se visitan regularmente en peregrinación. Entre todos estos tempols, el Templo Ishiteji es el más famoso y está bien cerca de la Dogo Onsen, la casa de baños, así que no tendréis problemas en dar con él.
El templo en sí guarda muchas salas internas, una pagoda de tres pisos, demás edificios pequeños y múltiples estatuas. A este bonito templo se lo conoce por la Puerta Niomon, clasificada como Tesoro Nacional junto con la pagoda y la Sala Principal, todas estructuras que son un buen ejemplo del estilo del Período Kamakura (1192-1333).
Detrás de la Sala Principal el templo esconde una caverna natural donde hay otro templo al final de un angosto túnel y dónde hay estatuas de períodos diferentes a las exhibidas en las demás salas. Algo digno de recorrer.
Bien, como os dije llegar al templo Ishiteji es muy fácil. O vamos caminando desde el Dogo Onsen, son apenas 15 o 20 minutos, o tomamos un bus que por 150 yenes nos deja en la puerta. En la Casa de Baños coinciden tres lineas de buses así que no os perderéis. Abre todos los días las 24 horas y la entrada es gratuita.
La Casa del Tesoro, por otra parte, abre de 8 de la mañana a 5 de la tarde, y la entrada cuesta 200 yenes.
Vía: Japan Guide
Si os nombro Hiroshima inmediatamente os acordaréis también de Nagasaki. Lamentablemente son las dos ciudades japonesas que sufrieron un bombardeo atómico durante la Segunda Guerra Mundial, así que si hemos visitado una, ¿por qué no la otra?…
Nagasaki es la capital de la prefectura con el mismo nombre y está en una bahía natural, de ahí que fuera siempre un puerto importante, tanto comercial como militar. Esta ciudad fue fundada aproximadamente en el 1.500 y, cuando comienzan los contactos con occidente, se convierte en punto de entrada de los jesuitas, portugueses y demás, por eso es una ciudad donde podemos ver restos de estas otras culturas.
Sin embargo, el espíritu japonés aflora durante cada kunchi, cada Festival de Otoño que se celebra todos los años en el santuario shinto Suwa.
Kunchi es uno de los tres festivales más importantes de Japón, y se celebra el noveno día del noveno mes del calendario moderno. El festival comenzó hace muchos siglos rindiendo ofrendas a los dioses del santuario shinto Suwa (1634), y celebrando allí una obra de teatro Noh (típico japonés).
Después de un incendio devastador en 1857, el festival Kunchi de Nagasaki se transformó en un evento en donde empezaron a participar los vecinos de la ciudad, compitiendo entre sí para crear actuaciones cada vez más espectaculares.
Por eso hoy, si estamos por Nagasaki en esa época del año, podremos disfrutar de muchos shows, unos mas pintorescos que otros. Dicen los expertos que este festival se hizo en cierta forma obligatorio en 1600 para fortalecer el espíritu japonés frente a la presencia cristiana en la ciudad que ya festejaba la Pascua y llamaba la atención. Como sea, hoy es un gran espectáculo y la ciudad se viste especialmente para disfrutarlo.
Se cuelgan banderas, la gente acude en masa desde varias partes del país y en el santuario Suwa se arma un stand principal con equipo de filmación incluido. Después de cada presentación, los grupos se alejan del santuario por las escaleras y si nos colocamos junto a ellas podremos verlos mucho más cerca. Y más tarde, después de presentarse formalmente, es usual que al caer la tarde veamos a los mismos grupos presentarse informalmente en las calles de la ciudad.
Son siete los barrios que participan y la cantidad de personas, desfiles, música y colores os va a encantar. Recordad, del 7 al 9 de octubre, todos los años.
Caminando por las calles de cualquier ciudad japonesa os sorprenderá ver tiendas donde muchas personas juegan en unas simpáticas máquinas, uno junto a otro, como si se tratara de máquinas tragamonedas. Pero no lo son exactamente, se llaman Pachinko y hoy son tan japonesas como el kimono.
El pachinko nace en el país hacia la década de los años 20, en cierta forma copiando un juguete infantil importado de Estados Unidos, y se convierte en un entretenimiento adulto en 1930 en la ciudad vecina de Tokio, Nagoya. Durante la guerra las tiendas se cierran pero con la ocupación estadounidenses reviven y crecen todavía más.
Pero ¿de qué tipo de juego se trata?…
Si queremos jugar debemos comprar unas pelotitas de metal directamente desde la máquina frente a la que nos hemos sentado. Sirven tanto los billetes, las monedas, tarjeta de crédito o la tarjeta de socio del salón.
Cada pelotita cuesta 4 yenes y una vez que pagamos por ellas se disparan dentro de la máquina y el objetivo pasa a ser conseguir más. Claro, es una combinación de máquina tragamonedas con pinball y solo tenemos que controlar la velocidad de las pelotitas de metal para que se metan donde queremos. Así, se activa una especie de máquina tragamonedas en la que las tres figuras de un carrete tienen que coincidir.
Si coinciden, ¡ganamos más pelotas!. Pero venga, que no es lo más frecuente así que cuando perdemos debemos seguir comprando y jugando, jugando y comprando. Básicamente, de eso se trata.
Además, hay salones de pachinko por doquier y en todo el país. Es fácil ubicarlos porque siempre tienen muchos colores, muchas luces y mucha gente sentada, abstraída en su juego. Allí dentro está permitido fumar y el ruido obliga a hablar alto, así que son ambientes bien ruidosos.
Finalmente, según la leyes japonesas no se puede jugar por dinero así que ganamos algo que podemos cambiar en la tienda de regalos del salón y después, sigilosamente, cambiar eso por dinero. Yo solo jugué una vez porque no me gusta mucho, pero estar en Japón y no jugar pachinko aunque sea una vez es como irse sin beber sake.
¿Qué no sabías que Japón también es tierra de castillos?… Pues sí, tal vez no tengan altas torres de homenaje y almenas o rastrillos, pero sirvieron a las mismas funciones defensivas y aunque algunos incendios han acabado con las estructuras más antiguas de muchos de ellos siguen siendo símbolo del feudalismo japonés, una época en dónde quien mandaba no era el emperador sino el shogun.
Bien, que otro bello ejemplo de castillos nipones lo encontramos en la capital de la prefectura de Shikoku, la ciudad de Kochi, un sitio rodeado de mar y montañas como es usual en muchas ciudades japoneses. Este edificio fue construido por encargo de Lord Yamauchi Katsutoyo en 1601 y durante el período de la Restauración Meiji la ciudad fue el centro de las ideas pre imperiales.
La construcción duró una década completa pero como suele suceder un par de voraces incendios obligaron a varias reconstrucciones en en 1700 y la definitiva de 1948 a 1959 le dio la forma y aspecto que vemos hoy en día.
A los japoneses les encanta comprar de todo y como los más jóvenes tienen buenos sueldos y aún viven con sus padres (en Japón la propiedad es muy cara), tienen un excedente que dedican al consumo, muy especialmente las mujeres. Por eso vemos que en todas las ciudades japonesas hay shoppings o tiendas departamentales, verdaderas cadenas a nivel nacional que se convierten pronto, incluso para el turista, en un buen paseo de compras.
En primer lugar son sitios ubicados estrategicamente cerca de las estaciones de trenes, en general. En segundo lugar están bien refrigerados en los calurosos veranos japoneses y tienen calefacción en los crudos inviernos, así que son nuestro sitio ideal para refugiarnos. Pero además, sus tiendas son espectaculares y el servicio de atención al cliente no tiene igual.
A diferencia de otras tiendas así, en Japón no hay locales comerciales divididos por paredes y puertas, cada uno independiente del otro, aquí impera el estilo Harrod’s de un enorme espacio compartido por distintas marcas. Cada piso está destinado a una categoría: ropa de mujer, lencería, ropa de hombres, de niños, librería o electrodomésticos. En general podemos ingresar desde una puerta principal sobre la calle o en ocasiones por el subsuelo donde suele haber tiendas de comestibles. Es lo mas frecuente.
¿Cómo son las casas japonesas?…
Bueno, en principio algo distintas a las occidentales. Si tomamos la arquitectura típica japonesa no tiene nada que ver con la forma en que nosotros distribuimos los ambientes, o los materiales que elegimos para erigir una casa. Si siempre hemos pensado en ladrillos, la arquitectura tradicional nipona construye básicamente con madera.
La madera siempre ha sido muy útil a la hora de los terremotos, sin embargo es muy combustible y eso ha quedado demostrado ya que muchos edificios japoneses antiguos han desaparecido. Las salas están divididas con puertas corredizas hechas de shoji o papel japonés y en ocasiones la misma puerta abierta o cerrada genera distintos espacios. Dicen que debido a esta nula amortiguación del sonido es que los japoneses hablan muy bajo…
En fin, que una casa japonesa tradicional tiene una entrada, genkan, ubicada a un nivel inferior del resto de la casa. Es el lugar donde dejamos los zapatos al entrar y donde están las pantuflas que en su lugar nos calzamos.
Si vemos algún dibujo animado japonés (anime) o leemos algún manga (cómic), nos daremos cuenta de que las chicas japonesas usan siempre el mismo uniforme escolar: una falda corta y con tablas y una camisa con cuello marinero y que los chicos andan con una larga chaqueta negra. Llama la atención, no hay dudas, y a estas alturas ya se los relaciona inmediatamente con la cultura japonesa. ¿Pero por qué se ha convertido en el uniforme oficial de los escolares japoneses? ¿Cuál es su historia?
Bien, que a fines del siglo XIX los japoneses querían modernizar su nación. Los occidentales mantenían con ellos tratos comerciales y dentro del plan modernizante (en tecnología, comunicación y hábitos sociales), estos simpáticos uniformes llegaron para quedarse y convertirse en el uniforme universal en las escuelas tanto públicas como privadas, con ligeras variantes. Su diseño tiene raíces militares, tanto el traje de los chicos como el de las chicas: se basan en los trajes de la Era Meiji y el de las chicas tiene inspiración naval al mejor estilo europeo.
La postal clásica de Japón tiene como protagonista indiscutido al famoso Monte Fuji o en japonés, Fujisan. Se lo puede ver desde cualquier edificio alto de Tokio pero lo mejor es ascender bien alto y desde allí contemplar la ciudad mas importante de Japón. Hay que dedicar todo un día a la visita ya que tenemos un buen tiempo de viaje hasta su base y desde allí otro trecho más de ascensión.
El Monte Fuji es un volcán activo aunque con muy pocas probabilidades de entrar en erupción. Tal vez no sea espectacularmente alto (mide 3776 metros), pero en una zona llana su altura y prestancia realmente impresionan. Antiguamente se lo consideraba un monte sagrado y no se permitía que subieran las mujeres, pero hoy es uno de los puntos turísticos y emblemáticos preferidos a la hora de visitar Japón, así que hay que estar preparados. ¿Por qué?
Simplemente porque una cosa es llegar en tren o en bus hasta su base y otra muy distinta caminar, trepar, las 6 u 8 horas que lleva llegar hasta su cima.
Por un lado, la temporada de escalada con equipo especial dura solo dos meses, entre julio y agosto, y por otro aunque fuera de estos meses escalar no es ilegal sí puede ser peligroso si no tenemos experiencia.
En coche se puede llegar a una altura de 2000 metros y desde allí podemos andar hasta la cima del “pequeño Fuji” (una montaña pequeña en el medio del mismo Monte Fuji) a la que se accede por senderos señalizados y donde hay un templo y un parador. Es una opción que incluye una visita a los Cinco Lagos.
Otra es contratar un tour especial, los cuales abundan en Tokio, pero hay que tener en cuenta qué queremos hacer (tomar fotos o escalar como aventureros reales), para saber en qué temporada conviene ir. Y por supuesto, antes que contratar un tour siempre conviene ingeniárselas uno para llegar usando el transporte público. No deja de ser una aventura tomar un tren, hacer un par de trasbordos en estaciones inhóspitas y llegar con la satisfacción de ser como Odiseo. La vista no os decepcionará.
Ahora que lo pienso a Japón se lo conoce en todo el mundo por muchas cosas y no solo por el manga, el anime, Kurosawa o el sushi. El sumo es un deporte propio de este conjunto de islas y es de hecho, el deporte nacional de Japón.
El sumo es antiguo, su práctica se remonta a las épocas antiguas cuando tenía que ver no con un deporte sino con una forma de entretenimiento para los dioses Shinto. Shinto es la religión propia de Japón, no es budista sino que tiene que ver con el culto a las fuerzas de la naturaleza.
Las reglas básicas de esta especie de ofrenda devenida en deporte enfrentan a dos jugadores que luchan en un ring y para ganar uno debe sacarlo fuera del ring al otro. Los luchadores son hombres muy grandes, algo gordos pero muy fuertes, que visten solo una prenda llamada mawashi y que carecen de armas.
Pelean con las manos desnudas, si, pero en realidad el sumo es mucho más que una lucha libre porque encierra este pasado de historia y ricas tradiciones. Y si bien hoy podemos reducirlo a un simple espectáculo deportivo lo cierto es que para los luchadores no deja de tener este significado especial.

Bueno, si estáis planeando viajar a Japón debo deciros que les envidio mucho. ¡Japón es increíble! Para trabajar, vivir, recorrer o estudiar es un país que os transportará a otra dimensión. ¿Pero qué necesitamos saber en cuanto a la documentación que se no requerirá?
Bien, en principio no necesitamos visa para entrar y automáticamente nos sellan el pasaporte por 3 meses, aunque por supuesto podemos solicitar visas si nuestra intención es por ejemplo, estudiar o trabajar. Hay una visa especial de trabajo para jóvenes de entre 18 y 25 años, 30 en algunos casos, que da permiso para quedarse en el país durante un año y permite trabajar tiempo parcial o media jornada, part time.
Es especial para estudiantes y se entrega a gente de Canadá, Dinamarca, Francia, Irlanda, Corea, Nueva Zelanda, Inglaterra y Australia.