En otro momento de su historia la ciudad capital de Japón, Tokio, se llamó Edo y para conocer a fondo su historia hay que visitar el Museo Edo-Tokyo. No os vais a arrepentir ya que es más divertido e interesante que el Museo Nacional de Japón, visitado en general por más turistas.
El museo fue fundado el 28 de marzo de 1993 con el objetivo de preservar la herencia histórica de la ciudad, así que en sus múltiples galerías veremos varias colecciones que justamente nos permiten ahondar un poco en la historia, la cultura y la evolución de esta ciudad tan famosa en el mundo entero.
A él se puede llegar por tren o por metro: con el tren de la linea JR Sobu hay que descender en la estación Ryogoku y caminar desde allí tres minutos, y en metro se utiliza la línea Toei Oedo hasta la estación del mismo nombre, pero nos deja un poco más cerca del museo. También se puede llegar en bus.
Lo primero que vemos al llegar es un moderno edificio cuadrado y alto. La colección permanente del museo empieza en 1570 con la fundación de Edo por parte del shogun Tokugawa Ieyasu y la historia de estos últimos 400 años, pero la exhibición está dividida en 3 áreas: Edo, Tokio y una galería especial.
La primera tiene una replica del puente Nihonbashi entrada a Edo), y nos enseña sobre la vida política, cotidiana y cultural de la antigua ciudad. La segunda comienza con el cambio de nombre a Tokio, las influencias americanas durante la Era Meiji y los efectos de la Segunda Guerra Mundial, y finalmente la tercer área está destinada a exposiciones especiales.
En el Museo Edo-Tokio encontraremos además una amplia librería con microfilms, libros y revistas que abre a las 9:30 am y cierra a las 5:30pm, una sala de proyecciones con una pantalla de 150 pulgadas y capacidad para 148 personas donde pueden verse vídeos, una librería audiovisual con compartimentos separados, un par de tiendas de souvenirs y finalmente una zona de esparcimiento dónde podemos comer lo que llevamos en el bolso e incluso, fumar un cigarrillo.
Abre de 9:30 a 17:30, y los lunes está cerrado. La entrada de un adulto cuesta 600 yenes, la de estudiantes entre 300 y 480 yenes y los mayores de 65 años pagan solo 300 yenes.
También ofrecen servicios de guías sin cargo, servicio de sillas de ruedas y para llevar bebés y lockers para dejar los bolsos.
Vía: Museo Edo Tokyo

¿Habéis oído hablar de la enfermedad de Minamata?… Bueno, es una enfermedad de esas que se contraen por que empresas inescrupulosas atentan contra el medio ambiente, lo contaminan, y enferman en el proceso a la gente. He descubierto con sorpresa que este tipo de conducta no respeta fronteras ni cultura y que aún en Japón, país respetuoso si los hay, una empresa ha caído en esta mala conducta.
Bien, que Minamata es un pequeño pueblo pesquero ubicado en la Prefectura de Kumamoto en la isla de Kyushu. Es un sitio de turismo local, al que suelen visitar los japoneses que quieren alejarse de las ciudades, disfrutar de una línea costera preciosa, con bosques y jardines, y porque no, tomar unos buenos baños termales, los famosos onsen.
Este pueblo se hizo famoso porque alrededor de la década del ‘50, ‘60 comenzaron a registrarse enfermos con síntomas raros: ataxia, problemas de visión, insensibilidad en los pies y manos, debilidad, parálisis e incluso, algunos muertos.
A finales de la década del ‘60 el gobierno tuvo que reconocer que estas enfermedades se debían a que una de las mayores empresas japonesas, Chiso Corp, estaba tirando al mar mercurio.
Este mercurio contaminaba los peces y debido a la costumbre de comer pescado crudo, los habitantes y turistas de Minamata se contaminaban a su vez. Se dice hoy que hubieron 12.000 afectados, aunque cerca de 3.000 fueron indemnizados por la empresa subsidiada por el gobierno.
Por un tiempo se colocaron redes para separar a los peces afectados de la bahía, pero hoy por suerte ya no hay redes, las aguas han sido declaradas libres de mercurio y todos han vuelto a comer pescado sin temor, pero se recuerda la tragedia con una original monumento: hay una serie de bolas de metal que representan las gotas de mercurio en una plaza cerca del puerto.
Y si queréis saber más también hay un pequeño museo donde con fotos y vídeos se explica sobre lo que pasó en Minamata.
Vía: Lost in Japan

Me gustan mucho los trenes y si a vosotros también os cuento que Japón es un verdadero paraíso. Durante este siglo el ferrocarril ha cobrado mucha importancia tanto para la industria como para el turismo, y Japón sabe cómo sacarle provecho.
La línea férrea japonesa es estupenda, se remonta a fines del siglo XIX, y se ha desarrollado hasta ser una de las más eficientes del mundo. Hoy, los trenes unen todo el país en una densa maraña de hierro que incluye trenes comunes y hasta trenes bala de alta velocidad (el famoso Shinkansen).
En total son 2.459 km de vías pero lo cierto es que el tren japonés no se detendrá en el actual modelo pues en materia de velocidad los japoneses siguen investigando nuevos materiales, redes y diseños.

La ciudad de Kobe se ha hecho tristemente célebre por ser el escenario del último terremoto fuerte acaecido en Japón en 1995, pero lo cierto es que es una ciudad interesante para el turista pues además de su entorno natural, al ser un intenso puerto durante toda su historia ha conocido la influencia de numerosas culturas extranjeras.
En el Shinkansen se llega a ella en apenas 3 horas desde Tokyo, desde Nagoya en 1 hora y 10 minutos, y desde Osaka en apenas 30 minutos. Por supuesto, podemos llegar en avión, pero no es lo mas frecuente en un turista extranjero que ha entrado al país por Tokio. Una vez allí encontrar dónde dormir no es tarea difícil, basta saber en qué área de la ciudad queremos estar: conviene la zona central pues está a mano de las demás.
Kobe es una ciudad que mira al mar así que a lo largo de la costa hay muchos parques públicos, restaurantes y paseos. Además del mar está el Monte Rokko para caminar y ver desde su cima toda su extensión.
Podemos también visitar el Acuario de Suma, el Parque Agrícola con su Castillo de Vino (cuna del famoso vino de Kobe), el Parque de Frutas y Flores con su hotel estilo renacentista, el barrio chino y el área de Kitano, un barrio con construcciones occidentales que pertenecen al siglo XIX. Allí hay algunas casas que funcionan como museos y el área en sí digamos que es bastante chic.
Si bien no es la ciudad más turística de Japón, tiene sus puntos de atracción y entre ellos el más importante es uno que no podéis dejar de visitar para relajaros: los baños termales (osen) de Arima, ya que es el centro de aguas termales más antiguo de Japón. En el encontrarás agua termal de oro (con hierro y sodio), y agua termal de plata (con radio y ácido carbónico).
Un baño y un trago y, según la leyenda, se curan todas las enfermedades.
Vía: Feel Kobe

Visitando el Museo de Hokkaido
Sapporo es el nombre de la ciudad capital de la prefectura de Hokkaido, al norte de Japón. Un sitio bastante más frío que el resto del país con una geografía montañosa cruzada de ríos y colinas mas suaves que en invierno se cubren con densas capas de nieve. Si bien a comienzos del siglo pasado no era una ciudad demasiado grande o importante, el desarrollo de los últimos 50 años la ha convertido en una de las ciudades más relevantes de la nación japonesa.
Sapporo es conocida por su Festival Internacional de la Nieve y por ser cuna de la cerveza japonesa, pero es un sitio que también ofrece al turista una visita única al Pueblo Histórico de Hokkaido. Este lugar especial está ubicado en el Parque Shinrin a las afueras de la ciudad y para llegar podemos tomar un tren en la estación central de la línea JR (JR Hakodate) y viajar apenas 15 minutos. De la siguiente estación tendremos unos 20 minutos de caminata o 5 si vamos en bus.

Cada cultura tiene su prenda tradicional y la de Japón es el kimono. Si bien en muchos otros países la vestimenta típica solo sale del cajón del ropero en los días festivos, aquí suele ser común ver en la calle a señoras y señoritas vestidas a la usanza de otras épocas. Y nadie las mira dos veces, os lo puedo asegurar, sólo son objeto de las cámaras de los turistas que andan recorriendo el país.
¿Pero cuál es la historia del famoso y práctico kimono?. Bueno, todo comienza en el período Heian (entre 794 y 1185) cuando las mujeres comienzan a ponerse esta especie de bata coloreada. Una curiosidad… No usan solo una, sino varias, superpuestas y de distintos colores para que no dejen de notarse las capas. ¡A veces incluso las damas de la corte imperial llevaban hasta 16 kimonos puestos!
Claro, la complejidad de los vestidos va de la mano de la situación política y social que permite pensar en esas nimiedades de la moda, así que cuando la historia japonesa se pone mas revoltosa se vuelve a una vestimenta más simple y cómoda.

Japón no solo es conocido por su tecnología, la enormidad de sus ciudades, su tren bala y demás, pero lo cierto es que hoy muchas generaciones jóvenes conocen este país a través de sus dibujos animados (anime) y sus cómics, los famosos mangas que han sabido invadir Occidente las últimas décadas. Y con mucho éxito.
¿Quién no sabe hoy en día que los personajes con ojos grandes, enormes, y bocas pequeñas son de factura japonesa? Quien se ha acercado a algunos de los manga nipones ha descubierto un mundo de fantasía increíble, un sin fin de historias que son maravillosas, que parecen salidas de la mente de genios. Bueno, soy aficionada a ellos así que no esperéis objetividad de mi parte, para mi son los mejores cómics del mundo.
Pero bien, ¿de dónde han salido? ¿Cuál ha sido su evolución? ¿Cuál su camino? ¿Por qué son exitosos? Ah, ¡qué cantidad de preguntas! Bueno, os trataré de poner al tanto. Se cree que las primeras manifestaciones artísticas en Japón fueron los Ukyyo-e, unos grabados en madera que en época feudal salieron de las manos de la clase pobre y que criticaban a la clase política o eran eróticos. Después vendrían otras expresiones de arte pero para llegar al cómic tal y como nosotros lo entendemos hoy el país debió entrar en contacto con Occidente.

Si no os podéis acercar hasta Kioto porque no tenéis tiempo o dinero, lo cierto es que otra ciudad con encanto antiguo es Kamakura. Está sólo a 50 km al suroeste de Tokio y puede llegarse a ella tranquilamente en tren. En esta zona rodeada de montañas, como buena parte de la geografía japonesa, está literalmente repleta de templos y santuarios y yo recomiendo no dejar de visitar el Santuario Zeniarai Benten, un sitio bastante popular.
El lugar queda realmente cerca de la estación del tren así que con una caminata de apenas 20 minutos estamos a las puertas de este hermoso lugar que tiene 800 años de antigüedad. Bueno, a las puertas es un decir ya que en principio solo vemos rocas y más rocas y hay que meterse en un túnel y cruzar escaleras para ver todos los edificios que componen el complejo con muchos portales y estatuas de Buda en cada rincón. Se trata de un ejemplo de la fusión entre la antigua religión japonesa, Shinto, y el Budismo llegado de China. Se construyó en 1185 bajo el gobierno del primer shogun Kamakura.
Cuando visitéis el santuario os recomiendo llevar dinero, monedas en particular, pues según la leyenda popular en primavera el agua de la caverna tiene la portentosa habilidad de hacer multiplicar el dinero que toca. Como nosotros tiramos moneditas a la fuente, cientos de japoneses vienen a Kamakura a hacer lo mismo y para eso ya hay preparadas canastas especiales dónde se pone el dinero para mojarlo y volver a tomarlo. Es divertido sí, pero además con gran tradición histórica: se hace desde 1257.
Antes de irnos con nuestro dinero correspondientemente lavado no hay que perderse la enorme serpiente de piedra con cabeza humana que está dentro del santuario, pasear de pórtico en pórtico (muchos han sido donados por comerciantes que creen la leyenda popular y agradecen así la suerte). Si está en vuestros planes, no os perdáis el Festival Benten a comienzos de febrero y el Día de la Serpiente que se celebran allí.
Vía: Asahi Net

La ciudad de Hiroshima está a 700 km de Tokio y en tren bala o Shinkansen se llega a ella en apenas 5 horas. Es la capital de la prefectura del mismo nombre y sus tierras son muy llanas, apenas están sobre el nivel de las cercanas aguas. Uno puede pensar que habiendo sido objeto de muchos bombardeos, atómico incluido, la ciudad conserva espacios de esa época pero en realidad no. Sólo queda un enorme parque que recuerda aquel horror porque el resto de la ciudad ha renacido como el ave fénix y no hay nada en sus calles que recuerde que una vez, en minutos nada más, allí no quedó nada.
El Peace Memorial Museum es una zona a la se puede llegar en bus o caminando desde la estación que está enclavada en la ciudad. A pie no es un paseo muy rápido pero sirve para ir viendo la dinámica de Hiroshima y además, es emocionante cuando uno se va acercando al parque y los edificios comienzan a quedar atrás.
La zona reúne varios puntos, una de las únicas construcciones que la bomba atómica dejó en pie, un edificio municipal para la promoción de la industria regional con cúpula a la vera de un canal (la postal común), distintos monumentos, una flama eterna, la famosa Campana de la Paz y la estatua de Sadako, una niña que murió a consecuencia de la radiación tiempo después de la bomba. Son en total 56 los puntos que podemos recorrer, aunque los más clásicos son este edificio que quedó en pie, la estatua de Sadako, la flama y el museo.

Si pensáis que los japoneses sólo comen sushi estáis equivocados, su cocina es variada y deliciosa y hay muchas opciones si caso el pescado crudo con arroz no es vuestro manjar preferido. Claro que la base de sus platos es en general el arroz pero también hay sopas, pollo, algo de carne y muchos fideos que son una delicia.
Hace tiempo el arroz llegó a las islas japonesas para quedarse. Se cocina hervido o al vapor y en general va a la cazuela sin condimento alguno pues la costumbre es mezclarlo con el interior del resto de los cuencos. Los japoneses no tienen la costumbre de comer carne de animales de cuatro patas porque durante muchos años esto estuvo prohibido, ya que las creencias budistas y sintoístas afirman que matar animales es malo. Así que la población japonesa se mantuvo a puro arroz, pescado y verduras durante buena parte de su historia.
Claro que la cocina fue cambiando con el correr de los siglos. Primero fue fuertemente influenciada por la comida china pero durante la Edad Media japonesa se experimentaron muchos cambios políticos y sociales que tuvieron su correlato en la elaboración de la comida y la variedad de alimentos ingeridos. También, debido al contacto con las potencias occidentales, algunos alimentos extranjeros lograron permanecer, por ejemplo el pan: los japoneses lo llaman así, pan, ya que les ha quedado el nombre.