Yokohama es la capital de la prefectura de Kanagawa y la segunda ciudad más grande de Japón. Está realmente muy cerca de Tokio y un simple viaje de 30 minutos en tren nos lleva directamente allí. Es una ciudad antigua, un puerto importante y actualmente es hogar de la comunidad de chinos más grande que vive en Japón así que… tiene su propio chinatown.
Este “barrio chino” es de hecho uno de los barrios chinos más grandes del mundo, así que es otra de las visitas obligadas. Los primeros asentamientos chinos en la zona se remontan al siglo XIX cuando el puerto de la ciudad fue uno de los primeros en abrirse al comercio exterior después de que las potencias extranjeras forzaran a Japón a comerciar con ellos so pena de invasión.
Los primeros chinos se instalaron en sus cercanías y con el tiempo fueron abriendo tiendas típicas y armando una verdadera comunidad que hoy, no hay dudas, es uno de los principales puntos turísticos de la enorme ciudad.
Hay cuatro puertas o portales que marcan los cuatro ingresos posibles a este barrio. Son portales típicamente chinos, coloridos, altos y fáciles de distinguir así que son la mejor guía cuando bajamos del tren y enfilamos hacia allí.
En sus calles, estrechas, hay de todo: tiendas de regalos, de ropa usada, enormes y pequeños restaurantes y lo mejor es que se escucha hablar chino todo el tiempo como si estuviéramos en Beijing y no en la segunda ciudad más grande del Imperio del Sol Naciente.
Si estamos por allí dentro de un par de meses debemos ver los festejos del Año Nuevo chino o pasear de noche y disfrutar de las linternas de papel encendidas a lo largo de toda la calle. Es el mejor sitio para comer comida china y los precios de los pequeños restaurantes donde se come parado no son caros, pero además podemos conseguir productos de Tailandia, Indonesia, algunos de América o visitar sus templos.
Lo cierto es que visitar el Barrio Chino de Yokohama es muy divertido, basta fijarse bien el tren que hay que tomar para descender en la estación correcta (Motomachi) o caminar un poco desde la estación Ishikawacho, pero no debemos tener miedo a perdernos pues cualquier japonés puede indicarnos… basta decir “chinatown”. Lo tengo comprobado.
Digamos simplemente que hay que quedarse unos tres días en Kamakura para no perdernos la mayoría de los templos y santuarios que pueblan esta ciudad japonesa. Lleva tiempo visitarlos a todos y lo cierto es que vale la pena recorrer una buena parte, así que id con valentía a pasar más de una hora en cada uno de ellos. Pues sí, si acaso os gustan los templos budistas este sitio es el paraíso.
Kamakura es una ciudad al suroeste de Tokio, unos 50 km, rodeada de montañas y mar. Es un sitio tranquilo, donde se respira aire natural y la verdad es que su paz sorprende pues uno acaba de salir de la apabullante Tokio.
Pero, en fin, que allí hay más de 50 templos, cada uno formado a su vez por más de un edificio, jardines y demás, así que por eso os decía que lleva su buen tiempo recorrerlos a todos.
Un templo, empero, que no os va a pasar desapercibido es el templo Kotokuin dentro del cual se alza la segunda estatua de Buda más grande de Japón (la primera está en Nara).
Esta estatua realizada en bronce y, dicen, con los ojos de oro, mide 13,5 metros de altura, 30 m de circunferencia y pesa casi 100 toneladas. Es realmente enorme e impresionante y más aún cuando le dicen a uno que ha sobrevivido incendios, terremotos, tifones y olas gigantes. ¡Vaya arquitectura!
El Buda fue esculpido en 1252 y originalmente estaba dentro de un templo, pero fue precisamente un tsunami el que se llevó todo el edificio, dejando a la estatua sola y en pie. Esto ocurrió en el siglo XV y desde entonces el enorme Buda parece desafiar cualquier inclemencia.
Pagando un ticket de 20 yenes podemos ingresar al interior del Buda y aunque no es el sitio mas interesante bueno, la entrada no es cara y no entrar es como estar a los pies de la torre de Tokio y no subir.
No es el único sitio hermosos en Kamakura, hay demasiados, pero sí el más famoso.
La primera vez que estuve en Japón no visité el distrito de Asakusa, ¡qué tonta!. Pero resarcí el error la segunda vez así que os cuento que es una visita propia de Tokio que no os podéis perder. En principio porque el sitio está realmente a mano desde cualquier rincón de la ciudad. Y en segundo lugar porque podéis pedir deseos y según los japoneses… estos se cumplen. ¡Y eso nunca viene mal!
Para llegar solo hay que tomar el metro y al salir, cruzar un mercado, el mercado de Nakamize (como si eso fuera a molestarnos, ¿no es verdad?). Podemos ver qué tipo de comida venden en los puesto y recordar los precios para regresar a la salida del templo y comer algo o comprar los sourvenirs típicos japoneses: yukatas, quimonos, juguetes, sombrillas, etc.
Cuando termina el mercado vemos el enorme templo de Sensoji, un templo budista que es el más grande, importante y antiguo de la ciudad capital. Tiene 1.400 años y una larga historia.
La leyenda dice que la construcción del templo se debe a la aparición de una estatua de la diosa Kannon a orillas del río Sumida. Al mejor estilo de las vírgenes que se niegan a moverse de lugar y por eso construyen iglesias y basílicas, esta diosa insistía en aparecer ante dos pescadores así que se construyó el templo. Durante la Segunda Guerra Mundial Tokio fue muy bombardeada y casi el 100% de sus edificios se destruyeron por acción del las bombas y el fuego, así que éste templo (como tantos templos más y castillos diseminados por el país) no es el original, sino una hábil reconstrucción.
Pero bien, que allí los japoneses tienen la costumbre de orar y quemar incienso en unos hornos para después pasarse las cenizas por la cabeza, y además fuera del templo escriben en tabletas de madera llamadas “ema”, sus deseos. Las insertan en un hilo y las cuelgan de una especie de puestos especiales. Hay decenas de ellas, miles podría decir, y los deseos son de los más variopintos, ¿pero cuáles no son así?: curas de enfermedades, trabajos nuevos, novios, sexo y muchas nimiedades.
El templo Sensoji está abierto todo el día y la entrada es gratuita. Si viajáis en agosto a Japón os recomiendo que averigüéis cuándo se realiza el festival de samba que tiene lugar allí. Sí, de samba. Brasil tiene una colonia de japoneses muy importante en San Pablo y hay muchos que han regresado al país de sus ancestros en busca de trabajo y futuro, así que han traído el baile brasilero y realmente es muy extraño ver a las mujeres japonesas vestidas como si estuvieran en el carnaval de Río de Janeiro.
No es la estación de trenes más grande e imponente de Japón, a mi entender ese título se lo lleva la grandiosa estación de Kyoto de la que ya les hablaré otro día, pero es una que sobresale de su entorno por la arquitectura europea que tiene. De hecho, su arquitecto se inspiró en la Estación de Amsterdam, y aunque fue parcialmente destruida durante los constantes bombardeos que sufrió Tokio durante la Segunda Guerra Mundial, ha sido reconstruida siguiendo de estilo original.
Allí llega uno desde el aeropuerto de Narita en el Narita Express y es la terminal de la mayoría de las líneas de trenes balas que cubren todo el país, así que frecuentemente deberemos pisarla tanto para salir y entrar de Tokio como para movernos por la línea que la circunvala, la linea JR Yamanote.
A pesar de que parece un tanto pequeña tiene diez andenes que funcionan para más de 20 lineas que se elevan sobre el nivel de la calle (buena solución para ciudades populosas), y el vestíbulo de distribución corre por debajo de los andenes, mientras que las líneas del tren bala se mantienen apartadas e independientes.
La Estación de Tokio, un edificio de ladrillos rojos, fue construida en 1914 y la entrada o salida hacia el distrito de Marunouchi es parte de la fachada original que se conserva.
Es ineludible, pues por allí debemos salir si visitamos el Palacio Imperial y sus Jardines. Alrededor hay muchos rascacielos modernos y salvo la estación casi no hay edificios bajos, esto se debe a que es una zona de bancos y empresas, bastante concurrida durante el día pero literalmente muerta los fines de semana. Una zona aburrida, si se quiere, pero la caminata hacia el palacio apenas dura 5 minutos así que conviene hacerlo en la soledad de un sábado.
Además, cuenta con una galería de arte que abre de 10 a 6 de la tarde, pero después de visitar el Palacio Imperial no hay mucho para hacer, así que conviene tomar buenas fotos de la fachada occidental de la estación porque después, difícilmente, volveréis a verla. Estaréis siempre caminando por sus pasillos, túneles y andenes.
Uno de los souvenirs más bonitos que me traje de Japón es un simpático objeto llamado “hagoita”. Bueno, en realidad tengo varios hagoita, no uno solo, y mi colección se debe a que la variedad que he encontrado ha despertado mis ansias de coleccionar. Los haogoita son unas pequeñas raquetas de madera que sirven para jugar al Hanetsuki, un juego tradicional japonés.
El hanetsuki se juega solo en Año Nuevo y aunque hoy en día no es de las costumbres más populares, los hagoita siguen vendiéndose como pan caliente. El juego en sí es muy parecido al conocido badminton, aunque no se juega con red. En Tokio está ubicado el distrito de Asakusa y en él el templo Sensoji, es precisamente en el mercado que se arma camino a este edificio centenario que a mediados de diciembre, en los próximos días de hecho, se ubica el Mercado Hogoita , una serie de puestos que solo venden estas simpáticas “raquetas” de madera.
Los hagoita vienen en distintos tamaños y con distintos dibujos (de ahí mi ferviente colección), pero en su mayoría tienen dibujos clásicos, del teatro kabuki, con grandiosos colores o hermosas damas pintadas. Estos son para mí los más bellos de todos, los que tienen dibujos clásicos, pero lo cierto es que la colección se ha puesto divertida desde que han aparecido hagoita de celebridades internacionales como David Bekham, por ejemplo, o personajes clásicos de la cultura popular japonesa como Hello Kitty o internacional como Spiderman, o astros locales del fútbol como el jugador Nakata.
Bien, que el hanetsuki se juega en general entre mujeres y tiene dos modalidades: o es una jugadora la que intenta mantener el hagoita arriba el mayor tiempo posible pegando le a la pelotita, o son dos jugadoras batiéndose. Las chicas que fallan son marcadas en la cara con tinta y como os dije, aunque hoy no es la costumbre más usual en Año Nuevo, siempre se la recuerda.
Basta decir la palabra “geisha” para saber que estamos hablando de Japón. Es una de las palabras que remiten inmediatamente a este país de oriente, como sushi o samurai, ¿no es verdad?. Pero ¿qué historia tiene esta figura femenina que hasta ha sido protagonista de películas? Bien, que si vamos a Japón conviene saber algo de ella pues es probable que nos topemos con alguna en las callejuelas de sus ciudades.
En un principio las geishas eran verdaderas profesionales del entretenimiento y aunque originalmente eran hombres (sí, hombres), con el tiempo las mujeres les fueron superando en número hasta que la distinción de género no fue necesaria. Se diferenciaban de las cortesanas porque el el objetivo de la compañía de una geisha no debía ser sí sí una relación sexual, sino el entretenimiento en distintas artes: el canto, la danza, la poesía, la narración o la ceremonia del té.
Era usual que las geishas comenzaran su entrenamiento durante la infancia, a veces se entregaba a las niñas, a veces se las vendía, y durante los primeros años eran más bien sirvientas en las casas de geisha para después pasar a ser aprendices (maiko). El aprendizaje no era fácil, ni lo es hoy tampoco, ya que hay que refinarse, aprender a tocar instrumentos musicales, a bailar y también toda una serie de herramientas para desenvolverse sin problemas en cualquier ambiente social.
Las geishas visten un kimono y así vestidas y con el rostro pintado de blanco níveo, vais a poder verlas en las calles de Kioto, una ciudad muy famosa por mantener aún dos casas de geishas, Gion y Pontocho. Si en el año 1920 había unas 80.000 mujeres- geishas lo cierto es que hoy no es muy frecuente que una chica quiera ser geisha, así que el número ha disminuido y hoy solo quedan alrededor de 1.000. Muchas de ellas están en Kioto. ¿Pero qué actividad realizan hoy en día?
La realidad es que se las contrata para asistir a reuniones, fiestas y recepciones que tienen lugar en las tradicionales casas de té o restaurantes. Pero ¿las geishas fueron y son prostitutas? En teoría no, a la geisha no se le paga por sexo sino por compañía, pero puede tener relaciones con el cliente si quiere y si él pude pagar el tiempo que eso conlleve (se les paga por tiempo), así que bien podría pensar uno que es la forma “japonesa” (complicada y retorcida como a veces son ellos), de prostitución.
Como sea, lo cierto es que las geishas pertenecen a la cultura popular japonesa y os va a sorprender gratamente encontraros con una en la calle. ¿Fotografías? Claro, os lo van a permitir con media sonrisa.
Si queréis ver gente vestida en una forma muy pero muy rara entonces el sitio indicado es Harajuku, uno de los distritos más famosos de Tokio. Se llega a él usando la línea de trenes JR Yamanote y está ubicado entre Shinjuku y Shibuya (más bien dentro de Shibuya), otros dos distritos conocidos. Lo ideal es darse una vuelta los fines de semana porque es cuando la “fauna” humana sale a la calle.
Allí se juntan los aficionados al manga y el anime (cómics y animación japonesa), y podemos verles vestidos como sus personajes favoritos. Sailor Moon, Naruto, Dragon Ball y un sin fin de series dicen presente para poder tomar las mejores y más alocadas fotografías.
Pero esta gente no es la única disfrazada, no, lo cierto es que a Harajuku se lo conoce por tener su propio estilo, el llamado “estilo Harajuku” que bien ha dado en conocer la cantante Gwen Stefani en sus últimos vídeos como solista. Es un estilo raro, entre victoriano y eduardino, que da el tipo muñeca de porcelana japonesa de los más bizarro: “Gothic Lolita“, las llaman y en verdad son bastante llamativas con sus polleras con encaje, sombreros, zapatos con hebilla y medias blancas.
En Shinjuku además abundan las tiendas de ropa, los cafés y restaurantes. La calle más concurrida de todas es la Takeshita, una peatonal que rebosa de jóvenes los sábados y domingos y en la que tomaréis una terrible cantidad de fotos, os lo aseguro. Hay muchos grupos de adolescentes y jóvenes con sus propias “ondas” o looks, uno más llamativo que otro.
Pero, además, hay un templo, el Meiji Jingu, donde suelen celebrarse bodas y un lindo bazar dónde podemos adquirir quimonos, camisetas y varios souvenirs. Y yo creo que no podéis dejar de tomaros una foto en Condomanía, una tienda especialista en la venta de preservativos muy divertida.
Vía: Japan Guide

Uno de los momentos del año más especiales para visitar Japón es la primavera. Realmente todo el país se colorea, cobra vida y los paisajes se vuelven irresistibles. A mí me gusta más el otoño pero la primavera casi está al mismo nivel. En esta época del año florecen los cerezos, el árbol típico japonés, el que está presente en su arte y en su literatura, el que da una de las flores más nacionales junto con crisantemo que es el símbolo imperial.
La flor del cerezo se llama sakura y a todos los japoneses les encanta porque es pequeña, rosa y blanca e inunda los árboles. El florecimiento del sakura es la ocasión esperada para reunirse con amigos y familiares bajo la copa de estos árboles, preparar un simple pic nic y pasar unas horas agradables festejando la vida.
Los cerezos no florecen todos al mismo tiempo en todo el territorio japonés, como hay variaciones en el clima van floreciendo paulatinamente, así que mientras en Tokio pueden estar festejando en alguna otra parte del país pueden estar aguardando con impaciencia. Incluso los canales de noticias informan día a día en una especie de cuenta regresiva el florecimiento del sakura para que la gente este preparada.
Siempre que estamos de visita en un país al que nunca hemos ido hay que tomar ciertas precauciones y en Japón es bueno tener en cuenta un par de cosas relativas a la seguridad, el clima, los horarios pico del transporte y hasta la posibilidad de que se produzcan terremotos.
Yo he ido un par de veces como turista y en una oportunidad me he quedado unos cuantos meses, así que si vuestra estadía se va a prolongar por más de un mes hay que estar preparados para un terremoto o un leve movimiento sísmico (hay que rogar porque sea esto último y no el gran terremoto que están esperando). Todos los hoteles, albergues, restaurantes, cines, tiendas, transportes, museos y demás tienen un mapa de emergencia para saber qué hacer en estos casos. Si a vuestra llegada estáis desvelados la primera noche, entonces os recomiendo darle una leída (en general está suelto sobre el escritorio o detrás de la puerta de la habitación).
Si bien muchos edificios japoneses son a prueba de terremotos yo pienso que eso no evita muertes, sino que produce aún más, así que precaución: conviene meterse debajo de una mesa, alejarse de las ventanas, no usar el ascensor, desenchufar todo y apagar el gas, abrir la puerta para asegurar una salida y en el caso de estar en alguna tienda hay que prestar atención a algún trabajador que tiene entrenamiento para estas situaciones. Pero, eso si, en general son leves movimientos, así que estad tranquilos.
Por lo demás, conviene saber que el horario pico de los trenes, por ejemplo, es de 7 a 9 de la mañana y de 5 a 7 de la tarde. Pasan trenes cada tres minutos más o menos así que solo hay que tener paciencia para poder trepar a uno con todas las valijas. Los taxis son los mas caros del mundo, la bajada de bandera ronda los 8 dólares, por ejemplo, pero si tomáis uno tenéis que recordar que las puertas las abre el conductor en forma automática, así ni hay que forzarlas ni hay que estar muy cerca de ellas.
Por último, entre junio y septiembre llueve mucho, lloviznas, tormentas o incluso algún tifón, así que pueden ser muy molestos si estamos paseando. Entre enero y marzo hace mucho frío, pero en febrero el frío afloja un poco y a mí me parece una buena época si acaso provenís del hemisferio sur. Y bien, que en verano Tokio es un horno y se agradecen los aires acondicionados.
¿Qué tenéis miedo a los robos y a perderos entre sus callejuelas?… Pues no hay que preocuparse: no hay peligro, Japón es un país muy seguro. Allí jamás me han asaltado y, si bien al principio uno anda con cuidado, es increíble lo rápido que podemos acostumbrarnos a andar sin preocupaciones.

Las aguas termales de Japón son inigualables y no podemos dejar este país sin haberlas visitado aunque sea una sola vez. Al ser un país muy montañoso hay muchas ciudades y pequeños pueblos que tienen casas de baños, pero claro, los hay mas y menos famosos. Beppu, por ejemplo, es conocida como “la ciudad balneario” ya que en ella abundan este tipo de sitios. Según las cifras oficiales hay más de 110 casas de baños a las que legan unos 130.000 kilolitros de aguas termales por año desde 9 fuentes llamadas a su vez “los 9 infiernos de Beppu”.
Sí, es un gran sitio. Beppu está ubicado en la península de Kunisaki, sobre el Mar Interior de Seto y está a unos 90 minutos de vuelo desde la capital, Tokio. De camino allí, por tierra, veréis la ciudad fortificada de Kitsuki con arquitectura medieval, casas de samurais, talleres artesanales y muchas tiendas en una especie de viaje en el tiempo hacia el Período Edo.
Una vez en Beppu podréis hospedaros en diversos hoteles (los más baratos cuestan unos 3000 yenes), y elegir después cualquiera de los balnearios o Beppu Hatto que ofrecen aguas termales, terapias de piedras calientes, vapor y barro, entre otras.
Las aguas termales son ricas en sulfuros, ácidos, sal y aluminio. Cada año hay alrededor de 3,5 millones de turistas que acuden a relajarse aquí y a disfrutar de sus numerosas fuentes con nombres grandilocuentes como “tromba del infierno”, “lago de sangre”, “estanque de sangre diabólica”, el “infierno del hombre calvo”, “el mar del Infierno” y la lista sigue. Y es que las aguas termales en ocasiones son ruidosas, tienen agujeros, geisers que saltan a intervalos regulares, burbujas de lodo caliente, sulfato de hierro que tiñe el agua de verde u óxido de hiero que las tiñe de rojo. Son algo fantástico.
El sitio es estupendo y la ciudad está rodeada de bosques de bambú y montañas. Según la leyenda los dioses hicieron que manara el agua en Beppu para ayudar a un dios enfermo, pero desde hace muchos años hay gente viviendo allí y aprovechando las calientes y ricas aguas. Japón es un país donde el baño es esencial, un momento para el relax y el disfrute, así que podemos decir que Beppu es su capital.
¿Las casas de baños u onsen más famosas de Beppu?… Son Takegawa, que data de 1879, con baños de agua y de arena y abre de 6:30 am a 22:30pm, y Tanayu o Suginoi Palace, un ryokan (casa de huéspedes) que cuenta con dos piscinas exteriores que miran a la ciudad, que no es muy barato.
Beppu no es la ciudad más bonita de Japón pero, sin lugar a dudas, os dejará el cuerpo como nuevo si andáis con mochila de aquí hacia allá.
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